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sábado, 10 de octubre de 2020

La Paradoja de Los Hechos Pasados



 

   La estación de radio que habitualmente escucho,  cuela un  espacio  de aproximadamente dos y medio minutos cada 3 horas. Se trata de una entrevista  yo diría, de corte  motivacional. El entrevistador aborda a personajes exitosos o que están viviendo su cuarto de hora. Durante este breve lapso, estos individuos exponen brevemente su recorrido al éxito, o más bien cómo llegaron a lo que son hoy día. Con frecuencia al final de la entrevista viene una pregunta recurrente: “¿Si tuvieras la oportunidad, cambiarias algo de tu vida pasada?”, la respuesta de los entrevistados  ha sido después de muy pocos segundos sine qua non, NO.

  Tengo la sensación de haber confrontado esta pregunta cuando era un niño o más bien haberlo deseado, seguramente para arreglar alguna metida de pata. No estoy seguro si la interrogante está  de moda por estos días, o es que antes de la pandemia no me detenía a escuchar entrevistas de esta naturaleza.  

  Ahora, inmerso en una situación similar a  “la vida de PI”,   naufrago, en medio del pacifico, a bordo de un pequeño bote salvavidas, acompañado por un tigre de bengala, sin que sople una pequeña brisa durante días que cambie el curso de las cosas, tengo la sensación de haberle ganado suficiente terreno a la  paciencia  para ser parte de la audiencia y  testigo de este tipo de intercambios, que antes ameritaban un cambio de dial o de canal de manera instantánea y casi refleja. Sin embargo el recurrente cuestionamiento empezó a tener cierto calado en mi conciencia y la pregunta se devolvió como un búmeran. ¿Cambiaria cosas de mi pasado? La respuesta, sine qua non es SI. Más que sí, es, por supuesto que sí.

  Como no cambiar el descuido que tuve un diciembre hace dos años cuando choqué mi vehículo por responder un mensaje sin importancia desde  mi celular. Podría haber evitado la estafa de la que fui víctima y que estaba a todas luces cantada por una cantidad de detalles que omití, con consecuencias graves en mi vida personal y familiar, podría haber evitado aquella pelea que se inicio de la nada, producto de la suma de intemperancias bobas,  cuando el ego me jugó una mala pasada y acabó a puñetazo limpio, con el producto final de afectos magullados y rotos, que a pesar de la sutura, la cicatriz me recuerda que algo importante se quebró. Cambiaria sin dudarlo un segundo, el retraso que pude haber evitado para llegar al lecho de muerte de mi mamá antes del desenlace final, tomar su mano y besar su frente con una sensación térmica al tacto de más de 36 grados centígrados.

  Analizando el No rotundo de los entrevistados y el Si donde me ubico, me encuentro con un cuestionamiento cuya respuesta es pendular para las partes. Inercia y gravedad comprometen las fuerzas de uno y otro lado. El punto de equilibrio es estático no está sometido a fuerzas  físicas ni a intereses, más bien es inocuo, la respuesta “ninguna de las anteriores” para el péndulo es sinónimo de Fuerza = Cero. Pareciera entonces que se encuentran posiciones simétricas y  opuestas. Es No, o es Si, de otro modo la dinámica deja de existir.

  Para ser justo con los entrevistados y con el péndulo, es conveniente buscar la ruta del No. Tiene que haber alguna razón para que la masa del péndulo  se posicione con tanta autoridad, en uno u otro lado. El ejercicio resulta interesante, es como pertenecer a la Curia Romana, en particular a la congregación para las Causas de los Santos, es necesario buscar testigos y testimonios para examinar los hechos, sin beatificaciones o canonizaciones como conclusión, solo es cuestión de ponerse en los zapatos del otro y ser equilibrado,  similar a un partido de futbol, los jugadores cambian de posición en la cancha cada cuarenta y cinco minutos, y actúan con la misma pasión en cualquiera de estas dos mitades siempre a su favor, sin importar que hayan cambiado las coordenadas geográficas.

   Como punto de partida pudiera ser genuinamente valido que alguien considere la posibilidad de no cambiar absolutamente nada de los hechos pasados. Individuos que establecieron como máxima personal “lo que pasó, pasó”; se abrieron puertas y se cerraron otras, el recorrido fue cálido, guiado por la racionalidad y me doy por satisfecho, no hay nada que corregir o que resolver. No hay miedo. Este es el NO absoluto.

  Aquellos que se tomaron unos segundos para pensarlo, ya son otra cosa, éstos parecieran coincidir irrefutablemente  que son producto de la suma de sus actos, de sus circunstancias, del tiempo y espacio que les tocó vivir, en el que quedaron insertos, cosa que parece perfectamente lógica y congruente. No importa si el recorrido tuvo momentos difíciles, amargos o tristes, seguramente sus actos afectaron a terceros o a ellos como  protagonistas, la bocanada de aire fresco lo justifica, finalmente la gloria tocó sus puertas. Se intuye que modificar algún hecho del pasado pudiese cambiar el frágil equilibrio del resultado final, desde mi punto de vista nada frágil por cierto.

  Es como si los hechos pasados formaran parte de una receta, seguramente uno o varios elementos (vinagre, soya, ají, cúrcuma…) conforman parte sustancial del producto final, individualmente  no son agradables al paladar, inclusive pueden resultar  incomibles, pero la mezcla de estos componentes bajo la tutela de un buen cocinero es un manjar.

  Hasta aquí el NO cobra fuerza, le agregaría la reflexión, cuasi refrán que me atrevo a endilgarle a los protagonistas “si me tragué las verdes y la maduras” para llegar hasta aquí, qué sentido tiene cambiar alguna variable en la ecuación que pudiese modificar  el curso de las cosas. Entonces me surge la interrogante: ¿cambiar el curso de las cosas...? Aquí tomo el testigo y me muevo a la otra coordenada del péndulo, donde también pisan fuerte los entrevistados en su posición, como debe ser, es la única forma que se devuelva.

  Visualizar los hechos pasados es un ejercicio fantástico, el tiempo ido inevitablemente presente. Estoy seguro que cada quien utiliza su propio imaginario, yo lo abordo como si estuviera en presencia de una tela de araña que con frecuencia aparece  tejida en el balcón de mi casa.  Eventualmente me acerco a este espacio a fumar, a buscar el estadio de la luna o simplemente a recorrer el azul del horizonte que me ofrece mi terruño, con la sensación de que en cualquier momento va a desaparecer y me voy a perder el espectáculo. El tejido de la tela parece un laberinto perfectamente simétrico, lo que lo hace aun más laberintico, no hay puntos de referencia. Una vez abstraído en esta maravilla de la naturaleza, entiendo que la única guía son las vibraciones, el olfato y la intuición. Enciendo algo así como un láser mental e imagino el recorrido, se encienden hilos que indican el camino pasado y se van pintando figuras, lugares, rostros; voy armando un puzzle de cosas tangibles. Como es simétrico no importa si recorrí más hilos o si el tránsito fue menos eficiente en uno u otro ejercicio, el destino final es siempre el mismo, el tronco de una planta llamada millonaria.

  El ejercicio trae sentimientos encontrados, hay oportunidades cuando   quedo maravillado y agradecido por el resultado, en otras menos laxas la posición es bueno, bueno, camine hacia un sendero  roto y  tuve que devolverme.

  Apelando al procedimiento que se lleva a cabo para la Causa de los Santos me encuentro a Woody Allen,  icono de éxito y perseverancia, testigo de excepción de lo que significa un camino  con obstáculos según el mismo lo narra, afortunado en algunos casos en otros no tanto, pero sin duda su hechura da como producto final un manjar.

  En una entrevista  realizada recientemente a este estelar personaje, con motivo del estreno de su producción cinematográfica número 49 rodada en San Sebastián España, le hicieron la siguiente pregunta: ¿Qué factores han incidido en su vida, para lograr una carrera tan fecunda y exitosa? Su respuesta como de costumbre me dejó descolocado. Mi primera reacción fue una carcajada. Con rostro ceremonial respondió: “suerte”, con una enorme sonrisa del tamaño de la mía, el periodista insistió, “pero que porcentaje le endilga usted a la suerte”, sin modificar un milímetro su fisionomía y sin mostrar un ápice de duda remató: “más de la mitad, más del cincuenta por ciento”. A pesar del calibre de la respuesta, sentí cierto alivio al no recibir el tan cacareado cliché, 1 % inspiración 99 % expiración, ciertamente este señor no es cómplice de esta máxima.

   Como es habitual, inclusive en sus películas el dialogo de la entrevista me dejó  ensimismado. Tratando de argumentar semejante afirmación me respondí: No mi apreciado director, no es suerte, póngale el nombre que quiera, le aseguro que no es suerte, usted no llegó hasta aquí por casualidad o por azar y le garantizo que probabilísticamente es imposible que el azar alcance el 50 %, a menos que todos sus decisiones y acciones hayan sido cara o sello. Discúlpeme el atrevimiento, su éxito se llama mutualismo.

  Hay una expresión que se utiliza frecuentemente en mi profesión, más que una frase son dos palabras Win/Win, mejor aun ganar/ganar o +/+. Cuando la entendí y la apliqué como debe ser me pareció fascinante. Hoy en día en nuestra calamitosa realidad país esta onomatopeya es sinónimo de coartada. El motivo se desvirtuó o se descontextualizó, es el asidero para guisos, arreglos fraudulentos, comisiones y paremos de contar, sin embargo tiene una esencia de reciprocidad, indiscutible.  Para no renunciar al contexto del significado, me enfrasqué en la búsqueda de algo similar y apareció  mutualismo. Sin ánimo de apelar a la academia esta palabra envuelve nuevamente el concepto de reciprocidad, apoyo y convivencia; donde las partes se benefician mutuamente. Dejé a un lado ganar/ganar de tufo politiquero, mentiroso y oportunista y acogí el mutualismo como consigna.

   Woody Allen es uno de mis actores y directores predilectos, es capaz hacerme reír hasta llorar y casi en el mismo plano mandarme a la introspección con planteamientos nada cotidianos, a veces contradictorios y fuera de lo convencional. Muestra sus miedos, fobias y manías frontalmente y las expone de tal manera que muchas veces provoca una risa nerviosa y cómplice. Sus películas son de bajo presupuesto, no hay efectos especiales ni persecuciones espectaculares, sin embargo el resultado es un plato delicado, bien ejecutado y delicioso. El perfecto antihéroe de sus creaciones, es en definitiva el héroe de las ideas y  de lo inusual.

  ¿Será su respuesta parte de  un guion? Cara pétrea, seria, sin ningún rictus facial que nos indique esto es un chiste, parece decir si, es el dialogo del próximo guion. Su éxito es cuestión de  reciprocidad, es decir de  mutualismo. Mutualismo de su público, de sus seguidores, quienes le devolvemos en quantums de energía lo que hemos recibido. No es el azar o  coincidencias de hechos  pasados que  lo colocaron en el sitial de honor, la locomotora que tiene en la cabeza es indetenible y  la telaraña tiene muchas bifurcaciones para caminar hasta el tronco de la planta millonaria.

 ¿Puede intuir el grupo de los dos y medio minutos, la mutualidad que acompaña su éxito? No estoy seguro.

 Siempre se distingue el tiempo como un actor principal, se habla de la paradoja del tiempo, pero en definitiva es tan solo un medio, un canal. Lo percibo análogo a un carrete de cine que rueda por un espacio finito de momentos. Esencialmente los roles de los protagonistas vienen escritos en su ADN, sus gustos, sus tendencias, inclinaciones… A partir de este momento el guion esta preconcebido, de los hechos depende la evolución  de la película. ¿Se puede modificar una escena desafortunada sin cambiar la esencia del contenido?, la respuesta es definitivamente si, y de igual forma se puede editar uno u otro final, al más puro estilo de Casa Blanca. No importa el final que le pongan, Casa Blanca siempre será singular y única.

 Dice San Agustín “No se puede afirmar que hay tres tiempos: presente, pasado y futuro. Solo hay el presente del pasado y del futuro”

  

1 comentario:

  1. Me pusiste a pensar, por la manera como vas hilando esta telaraña (copiando tu idea). Así que las divido en partes, para que se me haga mas fácil comprender, debe ser mi método o estrategia de análisis, pero siempre trato de buscar los elementos que conforman el todo, cuando trato de entender algo.
    Comenzando por tu Si, a la pregunta si cambiarías algo, me queda una duda, y el aprendizaje que te dejaron esas tristezas, frustraciones, daños? Si no aprendiste nada, entonces el Si es obvio, pero conociéndote, se que ellas te han hecho el hombre mas sabio, emotivo, cauteloso y paciente en el que te convertiste. El otro día leí una frase, que desconozco su actor, pero que me gusto mucho "El pasado es experiencia, que el presente aprovecha y el futuro perfecciona". La frase me gusto, y obvio que supone que la voluntad individual es la que lo hace posible. No es fácil, porque no hay recetas para eso, pero muchos pueden, y yo me digo a mi misma, Yo también. En esto, la fe es una gran herramienta.
    Con relación a la Suerte, comparto contigo que fue una genialidad la respuesta de Mr. Woody Allen, es parte de su irreverencia, o su pasado de humorista. Hay una frase, que creía era de Bolívar, pero parece que no es así, que dice "Te deseo éxito, porque la suerte es de mediocres". Y compartimos que Mr. Allen de mediocre no tiene nada, su éxito se debe a su trabajo de tantos años. Con películas, obras de teatro y libros, que a mi modo de ver, que no soy experta, con temas complejos, pero sin duda, unos mas exitosas que otras. Trabajador, pues a sus 84 años sigue activo, este año acaba de publicar un libro "A propos of nothing". Así que nuevamente aparece por allí, la voluntad individual. Sería interesante saber que responde el a la pregunta: Si cambiaría algo de su pasado?"
    Gracias por el tema, muy interesante, y que sigas compartiéndolos en este blog.

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